En 30 segundos

  • La carta de servicios es la lista de lo que haces, cuánto dura y cuánto cuesta. No es decoración: es la herramienta de venta que más se mira en un salón.
  • La normativa de consumo obliga a que el cliente conozca el precio antes de sentarse en la silla; varias comunidades exigen además lista visible. Consulta la de la tuya.
  • Cada línea necesita duración, no solo precio: es lo que convierte la carta en una agenda que cuadra.
  • El error más caro es «desde» sin explicar de qué depende: genera discusiones en caja y regala margen.
  • Los precios se muestran con el IVA incluido al consumidor final, aunque por dentro lo desgloses.

La carta de servicios es la primera conversación que tiene tu peluquería con quien entra por la puerta. Antes de que nadie hable de mechas o de un degradado, esa lista ya ha dicho qué clase de salón eres, a qué público te diriges y si el cliente se va a sentir cómodo preguntando el precio. Y sin embargo, en la mayoría de salones es lo último que se revisa: una hoja plastificada que lleva dos años igual, con servicios que ya no se hacen y precios que no cubren lo que cuesta darlos.

Esta guía es para dejarla bien hecha de una vez: qué tiene que llevar, un ejemplo completo que puedes copiar y adaptar, y los errores de precio que silenciosamente se comen tu margen.

Qué es exactamente una carta de servicios

Es el catálogo ordenado de todo lo que ofrece tu salón, con tres datos por línea: servicio, duración y precio. Cumple tres funciones a la vez, y por eso conviene tratarla como un documento de negocio y no como un cartel:

  • Informa y protege. Un precio claro y visible evita el momento incómodo en caja, que es donde se pierden clientes que no volverán a decir por qué no vuelven.
  • Vende. El orden en que colocas los servicios y cómo los agrupas cambia lo que la gente pide. Un color con tratamiento incluido vende más que el mismo color con el tratamiento suelto tres líneas más abajo.
  • Organiza la agenda. Si cada servicio tiene una duración asignada, la agenda deja de ser una estimación mental y pasa a cuadrar sola.

Qué tiene que incluir

Una carta que funciona lleva, como mínimo:

  • Nombre del servicio en el lenguaje del cliente, no en jerga técnica. «Mechas con papel de plata», no «técnica de decoloración parcial».
  • Duración estimada. Aunque no la publiques en el cartel, tiene que estar en tu sistema: es lo que evita solapes y esperas.
  • Precio con el IVA incluido, que es lo que ve el consumidor final.
  • Qué incluye y qué no. Un «corte» que incluye lavado y peinado y otro que no, al mismo precio, es una reclamación esperando a ocurrir.
  • Los condicionantes del precio, si los hay: largo del pelo, cantidad de producto, tiempo extra de aplicación.
  • Bonos y packs, si trabajas con ellos, en un bloque aparte y con el ahorro visible.

Ejemplo de carta de servicios

Este es un ejemplo completo de estructura, con la agrupación y el nivel de detalle que funcionan bien en un salón medio. Los importes son ilustrativos: no los copies tal cual, calcula los tuyos con el método de la sección siguiente, porque tu coste de silla, tu producto y tu zona no son los de nadie más.

Corte y peinado

ServicioDuraciónPrecio
Corte mujer (incluye lavado y secado)45 min00,00 €
Corte caballero30 min00,00 €
Corte infantil (hasta 10 años)30 min00,00 €
Peinado / recogido45 min00,00 €
Arreglo de flequillo15 min00,00 €

Color

ServicioDuraciónPrecio
Color raíz (incluye lavado y secado)1 h 15 min00,00 €
Color completo — pelo corto1 h 30 min00,00 €
Color completo — pelo largo2 h00,00 €
Mechas / babylights2 h 30 min00,00 €
Matiz / toner30 min00,00 €

Tratamientos

ServicioDuraciónPrecio
Tratamiento hidratante30 min00,00 €
Tratamiento reconstructor45 min00,00 €
Alisado / keratina2 h 30 min00,00 €

Barbería

ServicioDuraciónPrecio
Arreglo de barba20 min00,00 €
Afeitado clásico a navaja30 min00,00 €
Corte + barba45 min00,00 €

Debajo de la carta, siempre: «Precios con IVA incluido. Los servicios de color y tratamiento pueden variar según el largo y la densidad del cabello; te confirmamos el precio exacto antes de empezar.» Esa frase evita casi todas las discusiones en caja.

Los 5 errores que hacen perder dinero

  1. El «desde» sin explicación. «Mechas desde 00 €» solo sirve para atraer a quien luego se sorprende. Si el precio depende del largo, di que depende del largo y da una horquilla real.
  2. Cobrar por servicio y no por tiempo de silla. Dos servicios al mismo precio que ocupan 30 y 90 minutos no dejan el mismo dinero. Ni de lejos.
  3. No revisar el precio cuando sube el producto. El proveedor sube un 8 % y la carta sigue igual dos años: ese 8 % sale directamente de tu margen.
  4. Una carta interminable. Cuarenta líneas no dan sensación de variedad, dan parálisis. Agrupa, ofrece packs y quita lo que no se pide.
  5. Tenerla en tres sitios distintos. El cartel, la web y el programa de citas con precios diferentes es el clásico de todo salón. Un solo origen, y que los demás lo copien.

Cómo fijar los precios de la carta

Un precio no se decide mirando lo que cobra el salón de enfrente: se calcula. El método corto son tres pasos —coste real del servicio, margen que quieres, y comprobación contra tu mercado— y lo tienes desarrollado en la guía de cuánto cobrar por un corte de pelo, que sirve igual para cualquier otro servicio.

Si prefieres ir directo al número, en la calculadora de precios para peluquerías metes tus costes fijos, el producto y los minutos de silla, y te dice el precio mínimo por debajo del cual estás trabajando gratis. Es el suelo de tu carta; a partir de ahí decides tú.

¿Y el IVA?

En la carta, el precio que ve el cliente va con el IVA incluido. Por dentro es otra historia: en el ticket lo desglosas, y en el trimestre lo declaras. Los servicios de peluquería tributan al tipo general, no al reducido —un error que sigue costando dinero a muchos salones—, y lo explicamos con el detalle del ticket y del Modelo 303 en la guía del IVA en peluquería.

Dónde colocarla y cómo mantenerla viva

La carta tiene que estar en cuatro sitios, y decir exactamente lo mismo en los cuatro: el escaparate o la entrada, la zona de espera, tu web o perfil de reservas y el sistema con el que cobras y agendas. Ese último es el que manda, porque es el que aplica el precio de verdad.

Ahí es donde una carta en papel se queda corta. Si el catálogo de servicios vive en tu programa de gestión —cada servicio con su duración, su precio y su profesional—, la agenda calcula sola cuánto ocupa cada cita, el TPV cobra el importe correcto sin que nadie lo teclee, y subir un precio es cambiar un número en un sitio, no reimprimir carteles. Así es como funciona el catálogo de servicios de PeluGest: lo defines una vez y lo usan la agenda, la caja y la factura.

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio tener la carta de precios a la vista?

La normativa de consumo obliga a que el cliente pueda conocer el precio completo antes de contratar el servicio, y varias comunidades autónomas concretan además que la lista de precios esté visible al público. Los requisitos exactos dependen de tu comunidad, así que consúltalos en tu caso; en la práctica, tenerla visible en la entrada y en la zona de espera te deja cubierto en casi todos los supuestos.

¿Los precios se ponen con IVA o sin IVA?

Con IVA incluido, porque te diriges a un consumidor final. Poner el precio sin IVA y sumarlo en caja es una fuente segura de reclamaciones.

¿Cada cuánto debería revisar la carta?

Una revisión completa al año y una comprobación rápida cada vez que suba el precio del producto o cambies de proveedor. Si trabajas con color, esa comprobación se queda corta si la haces solo una vez al año.

¿Cuántos servicios debería tener?

Los que hagas de verdad. Es mejor una carta de quince líneas que se entienden que una de cuarenta donde el cliente no encuentra lo que venía a pedir. Si un servicio no se ha pedido en seis meses, sobra o está mal explicado.

¿Y los servicios que dependen del largo del pelo?

Publica una horquilla («de 00 € a 00 € según largo y densidad») y confirma el precio exacto antes de empezar, con el cliente delante del espejo. Es más honesto que un «desde» y evita la conversación incómoda al final.

Una carta de servicios bien hecha no es un cartel bonito: es la pieza que conecta lo que ofreces, lo que tardas y lo que cobras. Cuando esas tres cosas viven en el mismo sitio y cuadran entre sí, la agenda deja de solaparse, la caja deja de improvisar y el margen deja de escaparse por líneas sueltas que nadie había vuelto a mirar.